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lunes, 31 de marzo de 2008

VERSOS DE OTOÑO


Cuando mi pensamiento va hacia ti, se perfuma;
tu mirar es tan dulce, que se torna profundo.
Bajo tus pies desnudos aún hay blancor de espuma,
y en tus labios compendias la alegría del mundo.

El amor pasajero tiene el encanto breve,
y ofrece un igual término para el gozo y la pena.
Hace una hora que un nombre grabé sobre la nieve;
hace un minuto dije mi amor sobre la arena.

Las hojas amarillas caen en la alameda,
en donde vagan tantas parejas amorosas.
Y en la copa de Otoño un vago vino queda
en que han de deshojarse, Primavera, tus rosas.

RUBEN DARIO

sábado, 1 de marzo de 2008

LO FATAL


Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura porque ésa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.


Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror...
¡Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por

lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos
y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos!...


Rubén Dario

viernes, 11 de enero de 2008

NOCTURNO

Los que auscultáis el corazón de la noche
Los que por el insomnio tenaz habéis oído
El cerrar de una puerta, el resonar de un coche
Lejano, un eco vago, un ligero ruido…

En los instantes del silencio misterioso,
Cuando surgen de su prisión los olvidados,
En la hora de los muertos, en la hora del reposo,
Sabréis leer estos versos de amargor impregnados…

Como en un vaso vierto en ellos mis dolores
De lejanos recuerdos y desgracias funestas,
Y de las tristes nostalgias, de mi alma, ebria de flores,
Y del duelo de mi corazón, triste de fiestas.

Y el pesar de no ser lo que yo hubiera sido,
La pérdida del reino que estaba para mí,
Y pensar que un instante pude no haber nacido
Y el sueño que es mi vida desde que yo nací


Todo esto viene en medio del silencio profundo
En el que la noche envuelve la terrena ilusión,
Y siento como un eco el corazón del mundo
Que penetra y conmueve mi propio corazón.


RUBEN DARIO

jueves, 3 de enero de 2008

AÑO NUEVO


A las doce de la noche, por las puertas de la gloria

y al fulgor de perla y oro de una luz extraterrestre,

sale en hombros de cuatro ángeles, y en su silla gestatoria,

San Silvestre.

Más hermoso que un rey mago, lleva puesta la tiara,

de que son bellos diamantes Sirio, Arturo y Orión;

y el anillo de su diestra hecho cual si fuese para

Salomón.

Sus pies cubren los joyeles de la Osa adamantina,

y su capa raras piedras de una ilustre Visapur;

y colgada sobre el pecho resplandece la divina

Cruz del Sur.

Va el pontífice hacia Oriente; ¿va a encontrar el áureo barco

donde al brillo de la aurora viene en triunfo el rey Enero?

Ya la aljaba de Diciembre se fue toda por el arco

del Arquero.

A la orilla del abismo misterioso de lo Eterno

el inmenso Sagitario no se cansa de flechar;

le sustenta el frío Polo, lo corona el blanco Invierno

y le cubre los riñones el vellón azul del mar.
Cada flecha que dispara, cada flecha es una hora;

doce aljabas cada año para él trae el rey Enero;

en la sombra se destaca la figura vencedora

del Arquero.

Al redor de la figura del gigante se oye el vuelo

misterioso y fugitivo de las almas que se van,

y el ruido con que pasa por la bóveda del cielo

con sus alas membranosas

de Año Nuevo



Rubén Darío